MÉXICO, DF, julio 18 (EL UNIVERSAL).- El escenario sintetiza los mayores temores de la humanidad: tras el choque de un meteorito se generan incendios, terremotos y tsunamis. La Tierra se oscurece envuelta en una capa de polvo; las plantas dejan de producir energía al no recibir luz solar, se altera la cadena alimenticia y finalmente ocurre una extinción masiva.
Sería el guión perfecto para filmes al estilo de Deep Impact o Armageddon. Sin embargo, el cuadro descrito no es ficticio: el impacto ocurrió hace 65 millones años. Y la evidencia es una gigantesca “cicatriz” geológica reconocida como tal hace 20 años por la comunidad académica: un cráter de 200 kilómetros de diámetro localizado en lo que hoy es la península de Yucatán.
La mitad de este anillo, ampliamente estudiada, se localiza en tierra, al norte de la península. La otra parte (marina) no ha sido explorada, pese a que guarda muchos secretos sobre las condiciones del impacto y la forma en que afectó a las especies. Ahora, un equipo multinacional de científicos se apresta a realizar perforaciones mayores en ella.
“De la parte terrestre tenemos más de 5 mil muestras, pero ahora queremos explorar la parte marina, que es mucho más profunda”, anticipó el científico mexicano Jaime Urrutia Fucugauchi, líder del grupo internacional de expertos que llevará a cabo la perforación a unos 3 kilómetros bajo el suelo.
Cambio climático en la prehistoria
El proyecto, que comenzará en 2013, estará a cargo del Programa Integral de Perforación Oceánica (Integrated Ocean Drilling Program) dedicado a explorar la historia de la Tierra. Debido a las condiciones del lugar se utilizará un pequeño buque de investigación japonés llamado Chikyu para taladrar en la parte central y marina del cráter.
“Algo muy extraño le sucedió a esas rocas debido al impacto. Esto nos dirá a dónde corresponden y a qué tipo de presiones fueron sometidas durante el evento”, anticipó la geóloga Joana Morgan, del Imperial College, quien participa como coordinadora del proyecto.
“Todo el planeta se alteró tras el impacto del meteorito de Chicxulub, por eso es necesario conocerlo a fondo”, añadió. Aunque hay controversia científica al respecto, la teoría más aceptada sostiene que los eventos desencadenados por el choque condujeron a la extinción generalizada de organismos.
Hallazgo fortuito de Pemex
Después del evento desaparecieron 75% de las especies marinas y 65% de las terrestres, entre ellas los dinosaurios, que por aquella época (el final del periodo cretácico) eran los amos del planeta. Los nichos ecológicos vacíos fueron ocupados por seres pequeños, entre ellos los mamíferos, que con el proceso de evolución darían origen a los primates y al ser humano.
Desde los años 70 (a partir de registros fósiles) los científicos propusieron explicaciones para esa extinción masiva. El choque de un cuerpo celeste se había barajado, pero no existían evidencias físicas como un cráter de impacto con las características (diámetro, fecha de origen, composición química) que coincidieran con el evento catastrófico.
Paralelamente, Glen Penfield y Antonio Camargo —que en esa época trabajaban en Yucatán haciendo prospección de pozos para Petróleos Mexicanos— lograron detectar los rastros de un enorme anillo subterráneo con una mitad en tierra y la otra en el mar. Ellos supusieron que la “huella” habría sido labrada por un gran cataclismo, pero no lo asociaron con la extinción.
Fue hasta la década de los 80 cuando en un congreso de la Unión Geofísica de Estados Unidos un grupo de académicos estableció las conexiones: el anillo en Yucatán era el buscado cráter de impacto. Muestras de rocas de Pemex, además de estudios in situ de anomalías magnéticas y minerales de cuarzo deformados por un impacto confirmaron el hallazgo fortuito.
Después, un artículo difundido por Penfield y Camargo en la revista Geology en septiembre de 1991 (Un posible cráter de impacto en el periodo cretácico/terciario, localizado en la península de Yucatán) constituyó la piedra angular sobre la cual se ha erigido la que hoy es la interpretación más aceptada sobre el origen de esa “cicatriz” geológica.
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martes, 19 de julio de 2011
lunes, 18 de julio de 2011
Un nuevo virus salta de mono a laboratorista
Empezó con un solo mono enfermo de neumonía en el Centro de Investigación Nacional de Primates de California en Davis, pero con el paso de las semanas 19 monos murieron y tres humanos enfermaron, es el primer caso conocido de un adenovirus que saltó de monos a humanos, reportó en su versión en línea la revista científica Science.
Los adenovirus son virus que replican largas cadenas de ADN, contrario a los virus comunes que se contagian por la copia del ARN. Generalmente los adenovirus provocan resfriados e infecciones respiratorias en humanos, pero también afectan a especies de ganado, perros, caballos, puercos y otros animales.
De acuerdo con el artículo publicado en la revista especializada PLoS Pathogens, el adenovirus TMAdV provino de un macaco que transmitió el virus a algún trabajador del laboratorio en Davis y éste lo contagió al primer mono tití que enfermó el 14 de mayo de 2009.
El macho adulto no mostró mejoría ante los antibióticos aplicados, dejó de comer y no respondió a la comida intravenosa, por lo que los integrantes del laboratorio lo sacrificaron. Sin embargo, cuatro semanas después otro mono tití presentó los mismos síntomas y después otros más. Al cabo de dos meses, 23 de los 65 monos tití del laboratorio enfermaron, y finalmente 19 murieron.
El equipo de investigadores en enfermedades infecciosas, encabezado por Charles Chiu de la Universidad de California analizaron los pulmones de los monos que murieron e identificaron al nuevo adenovirus, TMAdV por las siglas de tití monkey adenovirus o adenovirus del mono tití.
Para saber de dónde provino el adenovirus, los investigadores preguntaron si algún empleado de laboratorio u otro mono había enfermado, pues generalmente los animales que son susceptibles a las enfermedades sólo son huéspedes.
"Los huéspedes que son susceptibles a enfermarse no pueden ser quienes los originan", dijo Chiu.
Los investigadores encontraron que un empleado del laboratorio, que tenía contacto muy cercano diario con los monos, se reportó en el mismo periodo con fiebre, escalofríos, dolor de cabeza, tos seca y congestión pulmonar. Además dos de sus familiares reportaron los mismos síntomas semanas después. Tanto el empleado como sus familiares recibieron atención médica y se recuperaron en cuatro semanas.
Al comparar muestras de sangre de los tres humanos enfermos detectaron anticuerpos contra el adenovirus, pero al analizar muestras de otras 81 personas como prueba de control vieron que nadie más los tenía, por lo que era un virus nuevo.
Los investigadores tuvieron que hacer pruebas de sangre a todos los monos del Centro de Investigación Nacional de Primates de California hasta que encontraron en cuatro macacos saludables los anticuerpos contra el TMAdV, por lo que sugiere que la enfermedad provino de los macacos y por no seguir los protocolos de seguridad e higiene alguno de los trabajadores transmitió el virus a los tití.
Aunque el virus no es mortal para los humanos, este caso sugiere que existen múltiples virus y agentes patógenos con gran potencial para saltar de una especie a otra.
"Ahora necesitamos ampliar nuestro enfoque en el estudio de adenovirus en monos y otros animales. Sólo hemos tocado la punta del iceberg", dijo Chiu.
Michael Imperiale, un microbiólogo de la Universidad de Michigan dijo que el TMAdV no es necesariamente una amenaza para la salud pública. Lo comparó con el virus de la influenza aviar que los seres humanos pueden contraer de las aves, pero que no es altamente transmisible entre la gente.
"La cuestión no es si el virus puede saltar, sino también si se puede propagar ampliamente. Eso no se ha probado todavía", dijo a Science.
Lo preocupante para Imperiale es que el laboratorio no siguió los protocolos de seguridad. Desde este caso el centro aumentó sus medidas de seguridad, aseguró Chiu.
Del error se aprende
Dado que el TMAdV es raro entre humanos y por tanto no se cuentan con anticuerpos que lo ataquen, los investigadores podrían utilizarlo como un vehículo dentro de la terapia genética, dijo Chiu.
Los investigadores ya utilizan partes de adenovirus en cadenas de ADN para tratar enfermedades, como el Gendicine que se introduce en el código genético de los tumores para suprimir la proteína p53.
Sin embargo muchas personas podrían tener anticuerpos a estos virus y su respuesta inmune haría estos tratamientos peligrosos o incluso mortales. Aunque ese problema se solucionaría con una versión rediseñada del TMAdV pues nadie podría tener anticuerpos, dijo Chiu.
Los adenovirus son virus que replican largas cadenas de ADN, contrario a los virus comunes que se contagian por la copia del ARN. Generalmente los adenovirus provocan resfriados e infecciones respiratorias en humanos, pero también afectan a especies de ganado, perros, caballos, puercos y otros animales.
De acuerdo con el artículo publicado en la revista especializada PLoS Pathogens, el adenovirus TMAdV provino de un macaco que transmitió el virus a algún trabajador del laboratorio en Davis y éste lo contagió al primer mono tití que enfermó el 14 de mayo de 2009.
El macho adulto no mostró mejoría ante los antibióticos aplicados, dejó de comer y no respondió a la comida intravenosa, por lo que los integrantes del laboratorio lo sacrificaron. Sin embargo, cuatro semanas después otro mono tití presentó los mismos síntomas y después otros más. Al cabo de dos meses, 23 de los 65 monos tití del laboratorio enfermaron, y finalmente 19 murieron.
El equipo de investigadores en enfermedades infecciosas, encabezado por Charles Chiu de la Universidad de California analizaron los pulmones de los monos que murieron e identificaron al nuevo adenovirus, TMAdV por las siglas de tití monkey adenovirus o adenovirus del mono tití.
Para saber de dónde provino el adenovirus, los investigadores preguntaron si algún empleado de laboratorio u otro mono había enfermado, pues generalmente los animales que son susceptibles a las enfermedades sólo son huéspedes.
"Los huéspedes que son susceptibles a enfermarse no pueden ser quienes los originan", dijo Chiu.
Los investigadores encontraron que un empleado del laboratorio, que tenía contacto muy cercano diario con los monos, se reportó en el mismo periodo con fiebre, escalofríos, dolor de cabeza, tos seca y congestión pulmonar. Además dos de sus familiares reportaron los mismos síntomas semanas después. Tanto el empleado como sus familiares recibieron atención médica y se recuperaron en cuatro semanas.
Al comparar muestras de sangre de los tres humanos enfermos detectaron anticuerpos contra el adenovirus, pero al analizar muestras de otras 81 personas como prueba de control vieron que nadie más los tenía, por lo que era un virus nuevo.
Los investigadores tuvieron que hacer pruebas de sangre a todos los monos del Centro de Investigación Nacional de Primates de California hasta que encontraron en cuatro macacos saludables los anticuerpos contra el TMAdV, por lo que sugiere que la enfermedad provino de los macacos y por no seguir los protocolos de seguridad e higiene alguno de los trabajadores transmitió el virus a los tití.
Aunque el virus no es mortal para los humanos, este caso sugiere que existen múltiples virus y agentes patógenos con gran potencial para saltar de una especie a otra.
"Ahora necesitamos ampliar nuestro enfoque en el estudio de adenovirus en monos y otros animales. Sólo hemos tocado la punta del iceberg", dijo Chiu.
Michael Imperiale, un microbiólogo de la Universidad de Michigan dijo que el TMAdV no es necesariamente una amenaza para la salud pública. Lo comparó con el virus de la influenza aviar que los seres humanos pueden contraer de las aves, pero que no es altamente transmisible entre la gente.
"La cuestión no es si el virus puede saltar, sino también si se puede propagar ampliamente. Eso no se ha probado todavía", dijo a Science.
Lo preocupante para Imperiale es que el laboratorio no siguió los protocolos de seguridad. Desde este caso el centro aumentó sus medidas de seguridad, aseguró Chiu.
Del error se aprende
Dado que el TMAdV es raro entre humanos y por tanto no se cuentan con anticuerpos que lo ataquen, los investigadores podrían utilizarlo como un vehículo dentro de la terapia genética, dijo Chiu.
Los investigadores ya utilizan partes de adenovirus en cadenas de ADN para tratar enfermedades, como el Gendicine que se introduce en el código genético de los tumores para suprimir la proteína p53.
Sin embargo muchas personas podrían tener anticuerpos a estos virus y su respuesta inmune haría estos tratamientos peligrosos o incluso mortales. Aunque ese problema se solucionaría con una versión rediseñada del TMAdV pues nadie podría tener anticuerpos, dijo Chiu.
miércoles, 13 de julio de 2011
Varios científicos captan una tormenta blanca en Saturno 9 años antes de lo previsto
Madrid, 6 jul (EFE).- Investigadores españoles de varias instituciones científicas y universidades han observado la última tormenta blanca de Saturno, que está produciendo grandes manchas blancas en su atmósfera y que tiene lugar regularmente cada 29,5 años, pero que en esta ocasión se ha adelantado casi nueve años.
Se trata de una gigantesca tormenta, conocida popularmente como "gran mancha blanca", que crece hasta alcanzar unos 10.000 kilómetros, casi el tamaño de la Tierra, y supone un fenómeno "único" en todo el Sistema Solar, según explica el Centro de Astrobiología del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) de España en un comunicado de prensa.
Los resultados de la investigación, publicados en la revista científica "Nature", han permitido a un equipo de investigadores españoles encabezado por Agustín Sánchez Lavega, de la Universidad del País Vasco (norte de España), profundizar en el conocimiento de la atmósfera de Saturno.
"Las tormentas de Saturno se expanden impulsadas por los vientos y terminan por rodear todo el planeta a lo largo de un anillo de nubes blancas turbulentas", indica Sánchez Lavega en un comunicado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Estos fenómenos tienen lugar en Saturno cada vez que este gigante gaseoso completa una vuelta al Sol (29,5 años) y se han producido en cinco ocasiones en los últimos 130 años.
La última de ellas ocurrió en 1990, por lo que los científicos no esperaban otra tormenta igual hasta aproximadamente el año 2020.
El descubrimiento de esta tormenta blanca sorprendió a un grupo de astrónomos aficionados japoneses que anunciaron en diciembre de 2010 la aparición de una mancha muy brillante en las latitudes medias del hemisferio norte de Saturno, el primer indicio de que el fenómeno se estaba repitiendo.
Desde entonces, los investigadores han seguido el desarrollo de la tormenta desde el Observatorio Hispano-Alemán de Calar Alto, en la provincia española de Almería (sur), mediante una técnica especial que permite obtener imágenes de alta resolución espacial, similares a las del telescopio espacial HST.
Seis meses después, el foco original de la tormenta continúa activo, aunque debilitado, lo que ha sorprendido a los investigadores y ha supuesto "un desafío" para la comprensión de estos sucesos.
Según los expertos, la observación de estas tormentas blancas permite profundizar en el estudio de algunos fenómenos meteorológicos de la Tierra, como las tormentas violentas que se producen en regiones ecuatoriales y tropicales, o la denominada "gota fría".
Además del interés intrínseco de esta tormenta, el director del Observatorio Hispano-Alemán de Calar Alto, David Barrado, subrayó, según informa el INTA, que "los gigantes gaseosos del Sistema Solar son verdaderas piedras Rosetta".
El estudio de Saturno y de fenómenos que allí se producen como esta tormenta blanca ayudan, según los expertos, a entender lo que ocurre en planetas ubicados fuera del Sistema Solar o en las "enanas marrones", cuerpos muy fríos con propiedades a medio camino entre las estrellas y los planetas.
Los científicos investigan ahora cómo la débil iluminación solar que llega a Saturno y que atraviesa las capas de nubes de amoníaco que rodean a este planeta logra provocar tormentas de estas magnitudes.
Existen dos teorías para explicar la formación de estos fenómenos: una de ellas defiende que la fuente de energía radica en la luz solar y que se producen vientos "superficiales", mientras que otra mantiene que la energía procede del calor interno de Saturno y que los vientos son "profundos".
Fotografía facilitada por el CSIC que muestra dos imágenes del planeta Saturno. Investigadores españoles de varias instituciones científicas y universidades han observado la última tormenta blanca de Saturno, que está produciendo grandes manchas blancas en su atmósfera y que tiene lugar regularmente cada 29,5 años, pero que en esta ocasión se ha adelantado casi nueve años. EFE
Se trata de una gigantesca tormenta, conocida popularmente como "gran mancha blanca", que crece hasta alcanzar unos 10.000 kilómetros, casi el tamaño de la Tierra, y supone un fenómeno "único" en todo el Sistema Solar, según explica el Centro de Astrobiología del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) de España en un comunicado de prensa.
Los resultados de la investigación, publicados en la revista científica "Nature", han permitido a un equipo de investigadores españoles encabezado por Agustín Sánchez Lavega, de la Universidad del País Vasco (norte de España), profundizar en el conocimiento de la atmósfera de Saturno.
"Las tormentas de Saturno se expanden impulsadas por los vientos y terminan por rodear todo el planeta a lo largo de un anillo de nubes blancas turbulentas", indica Sánchez Lavega en un comunicado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Estos fenómenos tienen lugar en Saturno cada vez que este gigante gaseoso completa una vuelta al Sol (29,5 años) y se han producido en cinco ocasiones en los últimos 130 años.
La última de ellas ocurrió en 1990, por lo que los científicos no esperaban otra tormenta igual hasta aproximadamente el año 2020.
El descubrimiento de esta tormenta blanca sorprendió a un grupo de astrónomos aficionados japoneses que anunciaron en diciembre de 2010 la aparición de una mancha muy brillante en las latitudes medias del hemisferio norte de Saturno, el primer indicio de que el fenómeno se estaba repitiendo.
Desde entonces, los investigadores han seguido el desarrollo de la tormenta desde el Observatorio Hispano-Alemán de Calar Alto, en la provincia española de Almería (sur), mediante una técnica especial que permite obtener imágenes de alta resolución espacial, similares a las del telescopio espacial HST.
Seis meses después, el foco original de la tormenta continúa activo, aunque debilitado, lo que ha sorprendido a los investigadores y ha supuesto "un desafío" para la comprensión de estos sucesos.
Según los expertos, la observación de estas tormentas blancas permite profundizar en el estudio de algunos fenómenos meteorológicos de la Tierra, como las tormentas violentas que se producen en regiones ecuatoriales y tropicales, o la denominada "gota fría".
Además del interés intrínseco de esta tormenta, el director del Observatorio Hispano-Alemán de Calar Alto, David Barrado, subrayó, según informa el INTA, que "los gigantes gaseosos del Sistema Solar son verdaderas piedras Rosetta".
El estudio de Saturno y de fenómenos que allí se producen como esta tormenta blanca ayudan, según los expertos, a entender lo que ocurre en planetas ubicados fuera del Sistema Solar o en las "enanas marrones", cuerpos muy fríos con propiedades a medio camino entre las estrellas y los planetas.
Los científicos investigan ahora cómo la débil iluminación solar que llega a Saturno y que atraviesa las capas de nubes de amoníaco que rodean a este planeta logra provocar tormentas de estas magnitudes.
Existen dos teorías para explicar la formación de estos fenómenos: una de ellas defiende que la fuente de energía radica en la luz solar y que se producen vientos "superficiales", mientras que otra mantiene que la energía procede del calor interno de Saturno y que los vientos son "profundos".
Fotografía facilitada por el CSIC que muestra dos imágenes del planeta Saturno. Investigadores españoles de varias instituciones científicas y universidades han observado la última tormenta blanca de Saturno, que está produciendo grandes manchas blancas en su atmósfera y que tiene lugar regularmente cada 29,5 años, pero que en esta ocasión se ha adelantado casi nueve años. EFE
sábado, 2 de julio de 2011
Realidades del sexto sentido de los humanos
Podría ser, aunque si estás pensando en que ese sexto sentido sirve para ver muertos, como el niño protagonista de la película homónima de Night Shyamalan, la respuesta es: "no". Si para algo puede servir ese supuesto nuevo sentido (común en ciertos animales aunque todavía está por ver que realmente esté operativo en humanos) es para ver campos magnéticos.
Vayamos al meollo de la cuestión. Un estudio realizado por científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts sobre una proteína encontrada en la retina humana, sugiere que dicha proteína posee la habilidad de funcionar como un detector de campos magnéticos. Al menos así ocurrió cuando la implantaron en las moscas de la fruta.
No obstante, los científicos se han cuidado mucho de ligar los resultados de su investigación con el hecho de que los humanos la usemos en este sentido. Tal y como afirman, este punto se desconoce.
En palabras de Steven Reppert, neurobiólogo e investigador del equipo médico que realizó el estudio: "Se cree que esta proteína es importante en las migraciones animales. Tal vez esta proteína también cumpla una función magneto-sensitiva importante en los humanos".
Investigaciones anteriores sugieren que además de ayudar a que algunos animales como las tortugas marinas o las aves migratorias puedan navegar, la habilidad de detectar campos magnéticos podría ayudarles también en la percepción visual espacial. Tal vez estos animales posean una especie de sistema de coordinadas de campo magnético sobrepuesto a los objetos que ven.
Reppert comenta: "Pudiera ser que esto ayudara a que los animales percibieran los objetos en el espacio-tiempo de un modo en el que no habíamos pensado anteriormente".
Los sentidos magnéticos de los animales se basan supuestamente en unas proteínas especiales llamadas criptocromos que también se han encontrado en la retina de los humanos. A pesar de que los resultados de anteriores investigaciones dieron a entender que los humanos no podemos sentir esos campos magnéticos, existen evidencias de que el geomagnetismo afecta al sistema lumínico en nuestros ojos.
Para comprobar si los humanos poseían este otro sentido, Reppert y sus colegas tomaron moscas de la fruta salvajes (con sus criptocromos intactos) y las compararon con otras de laboratorio en la que se habían remplazado sus criptocromos originales por la versión humana de la proteína.
Luego ubicaron a las moscas en un laberinto en forma de T y equiparon cada uno de los tres extremos con una bobina que los envolvía, de modo que cuando se aplicaba corriente una de las tres bobinas se magnetizaba. Los científicos iban alternando la magnetización de las tres bobinas, y también variaban la potencia. En algunos casos el campo magnético creado superó en ocho veces el de la Tierra.
Las moscas que contaban con los criptocromos humanos mostraron sensibilidad a los campos magnéticos evitando el extremo magnetizado, tal y como hacen de forma natural cuando no se encuentran aclimatadas al magnetismo, y más tarde, cuando se les entrenó recompensándolas con azúcar si acudían al campo magnético, acudiendo al extremo de la bobina electrificada.
Curiosamente, los investigadores descubrieron que la proteína humana solo funcionaba en la gama azul de la luz.
Vayamos al meollo de la cuestión. Un estudio realizado por científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts sobre una proteína encontrada en la retina humana, sugiere que dicha proteína posee la habilidad de funcionar como un detector de campos magnéticos. Al menos así ocurrió cuando la implantaron en las moscas de la fruta.
No obstante, los científicos se han cuidado mucho de ligar los resultados de su investigación con el hecho de que los humanos la usemos en este sentido. Tal y como afirman, este punto se desconoce.
En palabras de Steven Reppert, neurobiólogo e investigador del equipo médico que realizó el estudio: "Se cree que esta proteína es importante en las migraciones animales. Tal vez esta proteína también cumpla una función magneto-sensitiva importante en los humanos".
Investigaciones anteriores sugieren que además de ayudar a que algunos animales como las tortugas marinas o las aves migratorias puedan navegar, la habilidad de detectar campos magnéticos podría ayudarles también en la percepción visual espacial. Tal vez estos animales posean una especie de sistema de coordinadas de campo magnético sobrepuesto a los objetos que ven.
Reppert comenta: "Pudiera ser que esto ayudara a que los animales percibieran los objetos en el espacio-tiempo de un modo en el que no habíamos pensado anteriormente".
Los sentidos magnéticos de los animales se basan supuestamente en unas proteínas especiales llamadas criptocromos que también se han encontrado en la retina de los humanos. A pesar de que los resultados de anteriores investigaciones dieron a entender que los humanos no podemos sentir esos campos magnéticos, existen evidencias de que el geomagnetismo afecta al sistema lumínico en nuestros ojos.
Para comprobar si los humanos poseían este otro sentido, Reppert y sus colegas tomaron moscas de la fruta salvajes (con sus criptocromos intactos) y las compararon con otras de laboratorio en la que se habían remplazado sus criptocromos originales por la versión humana de la proteína.
Luego ubicaron a las moscas en un laberinto en forma de T y equiparon cada uno de los tres extremos con una bobina que los envolvía, de modo que cuando se aplicaba corriente una de las tres bobinas se magnetizaba. Los científicos iban alternando la magnetización de las tres bobinas, y también variaban la potencia. En algunos casos el campo magnético creado superó en ocho veces el de la Tierra.
Las moscas que contaban con los criptocromos humanos mostraron sensibilidad a los campos magnéticos evitando el extremo magnetizado, tal y como hacen de forma natural cuando no se encuentran aclimatadas al magnetismo, y más tarde, cuando se les entrenó recompensándolas con azúcar si acudían al campo magnético, acudiendo al extremo de la bobina electrificada.
Curiosamente, los investigadores descubrieron que la proteína humana solo funcionaba en la gama azul de la luz.
El animal más ruidoso de la Tierra es un insecto de 2 milímetros
Redacción Internacional 30 jun (EFE).- El animal más ruidoso de la Tierra en proporción a su tamaño es un insecto acuático que mide tan sólo 2 milímetros y que para atraer a las hembras "canta" con una potencia de hasta 99,2 decibelios, el equivalente a escuchar a una orquesta en primera fila.
Científicos del Museo Nacional de Historia natural de París y de la Universidad escocesa de Strathclyde han logrado grabar y medir por primera vez con micrófonos bajo el agua el sonido que produce el Micronecta Scholtzi, una chinche acuática, al frotar su pene contra el abdomen, en un proceso conocido como estridulación.
"Increíblemente, aunque el 99 por ciento del sonido se pierde al pasar del agua al aire, el canto es tan intenso que una persona que anda por la orilla puede de hecho oír a estas diminutas criaturas cantando desde el fondo del río", señala en una nota el biólogo James Windmill, de la universidad de Strathclyde.
Los animales más ruidosos de la Tierra suelen ser los más grandes, como las ballenas azules y los elefantes.
Pero, según el estudio, si se compara la intensidad del sonido con el tamaño de su cuerpo, los Micronecta Scholtzi son los campeones de la estridencia.
La investigación, publicada en la revista PLoS One, será presentada este sábado en la conferencia anual de la Sociedad para la Biología Experimental que se celebra entre el 1 y el 4 de julio en Glasgow (Escocia).
Según Windmill, es un misterio cómo estos insectos logran hacer tanto ruido, ya que sólo utilizan una zona de 50 micrómetros -del ancho de un cabello humano- para la estridulación.
Desde el punto de vista biológico, el estudio puede contribuir a la conservación de las especies, ya que registrar los sonidos de los insectos puede servir para hacer un seguimiento de la biodiversidad, mientras que desde el punto de visto de la ingeniería podría ser aprovechado por la acústica para los sistemas de sonar, dijo Windmill.
Fotografía facilitada por el Museo de Historia Natural de París del animal más ruidoso de la Tierra en proporción a su tamaño. Se trata de un insecto acuático que mide tan sólo 2 milímetros y que para atraer a las hembras "canta" con una potencia de hasta 99,2 decibelios, el equivalente a escuchar a una orquesta en primera fila. EFE
Científicos del Museo Nacional de Historia natural de París y de la Universidad escocesa de Strathclyde han logrado grabar y medir por primera vez con micrófonos bajo el agua el sonido que produce el Micronecta Scholtzi, una chinche acuática, al frotar su pene contra el abdomen, en un proceso conocido como estridulación.
"Increíblemente, aunque el 99 por ciento del sonido se pierde al pasar del agua al aire, el canto es tan intenso que una persona que anda por la orilla puede de hecho oír a estas diminutas criaturas cantando desde el fondo del río", señala en una nota el biólogo James Windmill, de la universidad de Strathclyde.
Los animales más ruidosos de la Tierra suelen ser los más grandes, como las ballenas azules y los elefantes.
Pero, según el estudio, si se compara la intensidad del sonido con el tamaño de su cuerpo, los Micronecta Scholtzi son los campeones de la estridencia.
La investigación, publicada en la revista PLoS One, será presentada este sábado en la conferencia anual de la Sociedad para la Biología Experimental que se celebra entre el 1 y el 4 de julio en Glasgow (Escocia).
Según Windmill, es un misterio cómo estos insectos logran hacer tanto ruido, ya que sólo utilizan una zona de 50 micrómetros -del ancho de un cabello humano- para la estridulación.
Desde el punto de vista biológico, el estudio puede contribuir a la conservación de las especies, ya que registrar los sonidos de los insectos puede servir para hacer un seguimiento de la biodiversidad, mientras que desde el punto de visto de la ingeniería podría ser aprovechado por la acústica para los sistemas de sonar, dijo Windmill.
Fotografía facilitada por el Museo de Historia Natural de París del animal más ruidoso de la Tierra en proporción a su tamaño. Se trata de un insecto acuático que mide tan sólo 2 milímetros y que para atraer a las hembras "canta" con una potencia de hasta 99,2 decibelios, el equivalente a escuchar a una orquesta en primera fila. EFE
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